El Real Madrid cerró otra noche en el Santiago Bernabéu con una victoria sin demasiados sobresaltos ante el Real Oviedo. El conjunto blanco se impuso por 2-0 en un duelo marcado más por el ambiente en las gradas que por el brillo futbolístico. Gonzalo abrió el marcador justo antes del descanso y Bellingham sentenció en la recta final con un disparo preciso desde la frontal. 

El equipo madridista arrancó dominando la posesión y buscando profundidad por las bandas. Gonzalo fue el primero en generar peligro tras una buena acción individual que terminó con una ocasión clara para Mastantuono, pero el guardameta visitante respondió con una gran parada. El Oviedo resistía ordenado y esperaba algún error para sorprender al contragolpe. 

Cuando el partido parecía marcharse al descanso sin goles, apareció la presión alta del Madrid. Carreras recuperó arriba, Brahim encontró el espacio entre líneas y Gonzalo definió con sangre fría dentro del área para desatar el alivio del Bernabéu. El canterano volvió a ser de lo más destacado del equipo blanco gracias a su movilidad y agresividad en ataque. 

Tras el paso por vestuarios, el encuentro bajó de intensidad. El Oviedo tuvo una oportunidad clara para empatar en un mano a mano que se marchó cruzado, mientras Courtois apenas tuvo que intervenir durante el resto de la noche. El Madrid manejó el ritmo sin demasiada brillantez, aunque encontró espacios con la entrada de Bellingham y Mbappé. 

A diez minutos del final llegó la sentencia. Bellingham recibió cerca de la frontal y soltó un zurdazo ajustado imposible para Aarón. El inglés no celebró el tanto, en una noche extraña en Chamartín, donde también hubo silbidos y protestas desde parte de la grada hacia algunos jugadores y la directiva. 

Por Ángela

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